El Paseo de los Tristes en Granada

Paseo de los Tristes

Desde que tuve la suerte de conocer Granada, aquella Granada de Alhambra y Generalife, de palacios y montañas, callejuelas y Sacromonte, Granada es también para mí el Paseo de los Tristes. Siempre me han gustado los nombres llamativos de rincones, calles y plazas que seguramente guardan viejas leyendas e historias relativas a ese nombre.

El Paseo de los Tristes corre junto al Darro, y su nombre le viene por ser el lugar por el que antes solían pasar los cortejos fúnebres que se dirigían al cementerio que hay tras la Alhambra. Sin embargo no siempre ha sido pródigo en escenas tristes sino que este paseo ha sido uno de los más animados de la ciudad, cuando se solían celebrar fiestas y otros eventos.

Ni que decir tiene que el Paseo de los Tristes es uno de esos lugares mágicos de Granada. Las vistas a la Alhambra, y sobre todo al Sacromonte y el Albaicín son preciosas. Durante el paseo veréis el Puente de las Chirimías, de finales del siglo XIX, junto a la Casa de las Chirimías, sede hoy en día de la Asociación Histórica y Cultural de Granada, y un poco más allá el Puente del Aljibillo.

El Paseo de los Tristes es una de las plazas más agradables de Granada, sobre todo para los turistas, que pueden sentarse en las terrazas de los bares a contemplar la Alhambra, que parece vigilar desde sus almenas todo lo que sucede acá abajo donde nos encontramos. Como tanto gusta en Granada, la música de una fuente cercana parece querer acompañarnos en nuestro paseo.

Paseo de los Tristes, calle empedrada que corre paralela al Darro, como queriéndole ganar la mirada de la Alhambra. La magia del Darro casi seco hace de este rincón de Granada un lugar casi literario. Versos de Lorca se derraman sobre el cauce del río para darle vigor y caudal. Si no es con agua que sea con la pluma del poeta granadino.

Lugar que os recomendamos atravesar si tenéis pensado ir hasta el Sacromonte o el Albaicín, el Paseo de los Tristes es el corazón de aquella Granada memorable, allí donde se celebraba el zoco, sin perder de vista el rostro de piedra de la Alhambra. Ante tanta belleza uno llega a comprender fácilmente el porqué de las lágrimas de aquel Boabdil que tuvo que abandonar un tesoro como Granada.

Foto Vía MontanNito

Autor: admin
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